Cómo se encuentran estos dos
La sobremesa dura dos horas y a los diez minutos Aries ya está de pie recogiendo. No por incomodidad ni por servir: quedarse sentado sin que pase nada es lo único que Aries no sabe hacer. Leo sigue en la mesa, donde la conversación se está reorganizando a su alrededor sin que haya tenido que pedirlo.
Los dos están cómodos. Ninguno se ha ido y ninguno se ha quedado por el otro. Y esa es la escena entera, repetida cada domingo desde hace años, sin que ninguno la haya mirado nunca.
Marte empieza. Es lo único que hace: va primero, va ahora, y no comprueba si alguien mira. El Sol no empieza nada. Se queda en el centro y deja que todo lo demás gire, y no se da la vuelta jamás.
Lo que hace ese reparto, y se ve tarde porque no falla nada, es que aquí nadie tiene que fingir que no quiere la habitación. La queréis los dos. Está dicho sin decirse desde el primer domingo.
Para Aries, el trabajo es quedarse sentado hasta el final de una sobremesa. Una. Sin recoger nada y sin explicar que se está quedando.
Para Leo, el trabajo es levantarse el primero un domingo y dejar la mesa sin nadie en el centro, a ver qué hace la conversación sola.
La pregunta
¿Cuándo fue la última vez que uno de los dos esperó?
Una acción consciente
un domingo sin centro
Un domingo de estos, que no lo organice ninguno de los dos. Ni plan de Aries ni ocasión de Leo. Que la tarde se caiga como se caiga.
A los veinte minutos se pone incómodo. Esa incomodidad es lo que hay que mirar.
Marte va primero porque ir primero es para lo que sirve, y el Sol se queda porque quedarse es para lo que sirve. Ninguno de los dos le está haciendo nada al otro.
¿Y si el domingo que viene no hace lo suyo ninguno de los dos, qué queda en la mesa?