Cómo se encuentran estos dos
La primera vez que se nota es en una cena de ocho, cuando los dos empezáis una frase a la vez y uno de los dos la cede.
El que la cede lo hace bien, con gracia, y nadie en la mesa lo nota. En el coche de vuelta tampoco se dice nada, y eso lleva años pasando.
El Sol no se mueve de su centro y no se da la vuelta jamás, uno de los dos únicos cuerpos de la rueda que no retrograda nunca, y aquí no hay un segundo regente que le discuta. Dos Soles, una rueda.
Y lo que no tiene testigo, porque los dos lo hacéis: ninguno ha sido nunca el público del otro. Para serlo habría que estar fuera del centro, y en esta casa no hay nadie fuera del centro.
Para uno, el trabajo es mirar al otro hacer lo suyo, en casa, sin nadie delante, y decirlo después.
Para el otro, el trabajo es hacerlo igual, en casa, en la versión pequeña, y no pedir perdón por el tamaño.
La pregunta
¿Qué haría falta para que uno de los dos fuera el público?
Una acción consciente
una función sin público
Esta semana uno de los dos hace lo que hace, en casa, solo para el otro.
El otro lo mira de verdad, con el móvil en otra habitación. Es el ejercicio entero y les cuesta a los dos más de lo que parece.
Dos Soles y ningún otro cuerpo en el edificio, y después de todos estos años el hallazgo es que ninguno de los dos se ha aburrido del otro.
Es pequeño, no luce, y no va a hacer que nadie os envidie. Y es lo que ha aguantado.