Cómo se encuentran estos dos
Es el aniversario y ninguno de los dos ha dicho lo que quiere. Tauro ha preparado la casa. Leo ha reservado en un sitio donde va a haber gente.
Los dos han hecho un gesto grande y los dos están esperando el del otro, y ninguno lo va a pedir, porque pedirlo sería reconocer que no ha llegado solo. Los dos sois fijos: cuando habéis tomado una posición no se discute, se espera.
Venus no se separa más de 47,3 grados del Sol. Ese solo hecho es la razón de que sea el lucero del alba y el de la tarde y no haya sido nunca otra cosa: puede ir por delante o ir por detrás, no puede irse, y no está nunca en el cielo a la vez que él.
Esa es la forma de esta casa. Uno va siempre un poco delante o un poco detrás. Ninguno se aleja lo bastante para que sea una ausencia de verdad, y ninguno ha llegado nunca al mismo sitio a la misma hora.
Para Tauro, el trabajo es elegir a Leo en voz alta, una vez, donde lo oiga otra persona.
Para Leo, el trabajo es recibir un martes cualquiera como una elección y no como la ausencia de una.
Y una tercera: esperar es una posición. Los dos la habéis estado llamando paciencia.
La pregunta
¿Quién decide en esta casa cuándo empieza lo bueno?
Una acción consciente
una elección, delante de alguien
Esta semana, delante de una tercera persona, que cada uno diga una cosa concreta del otro que solo haya pensado.
No un piropo sobre su aspecto. Un dato sobre quién es, de los que se guardan.
Venus y el Sol no pueden estar en extremos opuestos del cielo y tampoco pueden llegar juntos.
Lleváis años montados sobre una distancia que no ha cambiado de tamaño ni una vez.
¿Y si esta vez lo pide uno, qué pasa con la distancia?