Cómo se encuentran estos dos
En una habitación con más gente, Géminis deja de oírse, y a los dos os ha costado años notar que eso pasa siquiera.
No es que Leo hable por encima. Leo no tiene que hacerlo. Leo ocupa el centro sin esfuerzo y la sala se orienta, y Géminis, que es más rápido y más gracioso y tiene tres versiones mejores de la cosa, acaba haciendo el comentario desde el lado.
Mercurio no se separa nunca más de 27,8 grados del Sol. Por eso es el más difícil de ver de los planetas clásicos: solo aparece en el crepúsculo, pegado al resplandor, y con el Sol arriba no se ve en absoluto. No más tenue. Ausente.
Y la conversación sobre esto no empieza, porque no la puede empezar ninguno de los dos. Entre un fijo y un mutable no hay modalidad cardinal en esta casa: Leo sostiene y Géminis se adapta, y el que abre un tema no está.
Los dos lo sabéis desde hace tiempo, cada uno por su lado, y ninguno ha encontrado nunca la frase con la que se empieza.
Para Géminis, el trabajo es decir la cosa a todo volumen en la sala, una vez, y no convertirla en broma cuando caiga plana.
Para Leo, el trabajo es equivocarse en voz alta delante de otra gente, para que el centro esté un rato vacío.
Y una tercera: esto no lo va a abrir ninguno de los dos. Alguien tiene que abrirlo y va a salir sin gracia.
La pregunta
¿Para qué estáis esperando permiso los dos?
Una acción consciente
una sala descentrada
La próxima vez que haya gente, Leo le hace una pregunta a Géminis y luego se calla el tiempo que haga falta.
Géminis contesta entera, sin acelerar, y sin devolver la sala al final.
Mercurio no es un objeto tenue. Es un objeto brillante que no se ve, por dónde le toca estar.
Aquí nadie ha hecho nada mal, y aun así hay una persona que lleva años hablando desde el lado de la sala.