Cómo se encuentran estos dos
Los dos hacéis lo mismo en una habitación llena de gente y lo hacéis por turnos sin haberlo hablado: Leo pone el calor y Sagitario pone el plan, y quien se va de una cena vuestra se lleva las dos cosas.
No es una metáfora sobre vuestro carácter. Es lo que pasa un jueves.
El Sol no se mueve de su centro y no se da la vuelta jamás, uno de los dos únicos cuerpos de aquí que no retrograda nunca. Júpiter cruza la rueda cada 11,85 años y pasa alrededor de un tercio del tiempo aparentemente andando hacia atrás, revisando por dónde iba. Uno sostiene la habitación. El otro sigue encontrando una habitación más grande.
Y por eso, cuando Sagitario cuenta el plan en la mesa y tres personas se apuntan, queda un punto frío que no tiene nombre hasta el domingo.
Lo que lleva años pasando y tarda en verse porque no falla nada: aquí nunca se ha dicho quién puso qué. Ni una vez, en ninguna de las dos direcciones, y los dos lo sabéis desde el tercer mes.
Para Leo, el trabajo es decir el domingo que el punto frío existió, sin disfrazarlo de pregunta sobre el plan.
Para Sagitario, el trabajo es decir de quién es la habitación en la que estás antes de describir la más grande.
La pregunta
¿Sigue alguno de los dos aquí por lo que vino?
Una acción consciente
un plan, con su procedencia
La próxima vez que uno de los dos ponga algo delante de otra gente, que diga en una frase de dónde salió y quién lleva sosteniendo lo que hay debajo.
Una frase, delante de los demás. No después, en la cocina.
No falta calor en esta casa y no ha faltado nunca. A ninguno de los dos le falta nada, y por eso el punto frío es tan difícil de sacar.
Aquí no se han dado las gracias por nada. No es que se dieran y no se oyeran: no se han dado.