Cómo se encuentran estos dos
La compra del sábado. Tauro tarda cuarenta minutos y vuelve con lo mismo que la semana pasada, y está bien, y funciona. Géminis ha ido dos veces esta semana, ha traído tres cosas que nadie pidió, y una de ellas ha resultado ser buenísima.
Ninguno de los dos entiende del todo al otro y ninguno lo ha dicho en voz alta, porque decirlo sonaría a que uno es aburrido o el otro un desastre, y ninguna de las dos cosas es verdad.
Venus y Mercurio son los dos únicos cuerpos que dan la vuelta al Sol por dentro de nuestra propia órbita, así que los dos están amarrados a él y no se les ve nunca cruzar el cielo entero: aparecen los dos en la misma franja, al amanecer o al anochecer, y nunca en mitad de la noche.
Y vuestros signos se tocan. Tauro acaba donde Géminis empieza: lo que ya se ha decidido que vale, y luego la pregunta de si valdría otra cosa. Es una sucesión, no una relación, y a treinta grados no hay ángulo desde el que uno vea al otro.
Para Tauro, el trabajo es traer una cosa que nadie pidió, una vez, sin plan.
Para Géminis, el trabajo es traer exactamente lo de la lista, una vez, entero.
Y una tercera: los dos creéis en secreto que la vuestra es la manera correcta de hacer la compra. Decidlo en voz alta y se acaba la mitad del asunto.
La pregunta
¿Qué habéis dejado de explicaros porque sonaría a reproche?
Una acción consciente
la compra del otro
Este sábado, que cada uno haga la compra como la haría el otro.
Y que cada uno diga al volver qué le ha costado. No qué le ha parecido. Qué le ha costado.
Venus y Mercurio no salen nunca de la franja del Sol, así que a los dos se los ve a la misma hora o no se los ve.
Y vuestros signos se tocan, y tocarse no es verse: lo que cuesta es que aquí nadie tiene la distancia necesaria para mirar al otro y decir en voz alta lo que ve.