Cómo se encuentran estos dos
Hay una lista. En la nevera, en el móvil de uno de los dos, o en la cabeza de los dos a la vez: lo que hay que arreglar, cambiar o comprar, con lo que cuesta y con cuándo toca.
Lleva años funcionando. Nada se rompe del todo, nada se compra dos veces, y ninguno ha tenido que explicarle al otro por qué se espera.
Saturno aplaza. No es tacañería: es lo que hace con el tiempo un cuerpo que tarda 29,43 años en cruzar los doce signos. Tiene mucho y lo gasta a propósito. Venus no aplaza. Venus sabe lo que es bueno, sabe que lo bueno es para tenerlo, y no le encuentra el sentido a cinco semanas peores.
Así que la lista avanza y las cinco semanas pasan, y no sale mal nada. No sale mal nada nunca.
Y lo que la lista lleva años haciendo, que se ve tarde porque parece administración: es la forma que habéis encontrado los dos de pedir algo sin tener que llamarlo pedir.
Para Tauro, el trabajo es decir en voz alta lo que cuesta la espera, una vez, sin reabrir la decisión.
Para Capricornio, el trabajo es adelantar una cosa buena. La grande no. Algo lo bastante pequeño como para que adelantarlo no cueste nada salvo el principio.
Y una tercera: ninguno puede llamar frívolo ni sombrío al otro. Los dos teníais una razón y los dos sabéis cuál era.
La pregunta
¿Cuándo se deja de esperar aquí?
Una acción consciente
una cosa, antes
Esta semana adelantad una cosa buena que ya estaba prevista. Nada grande y ninguna sorpresa. Algo acordado, movido de luego a ahora.
Fijaos en a cuál de los dos le cuesta más. Eso es todo.
Venus decide lo que vale y Saturno decide lo que aguanta, y en esta casa las dos cosas se hacen sin hablar.
La lista va a seguir ahí. No es señal de nada y no significa que ninguno de los dos tenga razón. Es la letra de una cosa que nunca se ha dicho con palabras, y sigue sin decirse.