Cómo se encuentran estos dos
La pregunta de dónde cenar tarda once minutos, y a los dos os hace gracia y a ninguno de los dos le hace gracia.
No es indecisión. Son dos personas haciendo cada una un cálculo sobre lo que preferiría la otra, con datos que se han inventado enteros, porque ninguno ha dicho nada.
Venus pesa. Es la facultad entera y no para, porque una relación no se termina nunca, y además retrograda menos que ningún otro planeta de aquí, así que un valor, una vez colocado, se queda.
Dos de esas significan que cada pregunta se pesa dos veces y no la contesta nadie. Y debajo hay una cuenta corriendo, por los dos lados, de concesiones que nadie pidió.
Para uno, el trabajo es contestar a la pregunta del restaurante en cuatro palabras y sin signo de interrogación al final.
Para el otro, el trabajo es aceptar la respuesta sin comprobar si era una preferencia de verdad o una amabilidad.
Y una tercera: la cuenta existe. Los dos sabéis lo que hay en ella y ninguno ha puesto nunca un solo apunte sobre la mesa.
La pregunta
¿Cuándo dijo alguno de los dos lo que prefiere?
Una acción consciente
cuatro palabras, sin interrogación
Durante una semana, el que reciba la pregunta contesta primero y en plano. Sin devolverla. Sin ofrecer la alternativa.
Contad las veces que falláis. El número va a ser más alto de lo que esperáis los dos.
Venus pesa y no para, y aquí hay dos, y no hay un tercer cuerpo que decida nada.
Lo que cuesta no son los once minutos. Es que a estas alturas ninguno de los dos sabría decir, si se lo preguntaran aparte, qué habría elegido el otro.