Cómo se encuentran estos dos
Tierra y aire: quien lo hace se encuentra con quien lo piensa.
La tierra trata con lo que existe. El aire trata con lo que podría existir. Los dos os pasáis el día trabajando, en cosas que al otro no siempre le parecen trabajo.
Lo bueno es real: el aire saca a la tierra de una vida que si no se vuelve muy pequeña, y la tierra le da al aire algo en lo que apoyarse, que es lo que el aire lleva buscando por detrás de todo el movimiento.
Lo que roza es qué cuenta como hecho. Para la tierra, una cosa existe cuando está hecha; hablar de ella es todavía no hacerla. Para el aire, hablar de ella ES trabajar en ella: así es como el aire piensa. Así que el aire propone en voz alta y la tierra escucha promesas, y la tierra hace sin anunciar y el aire no se entera de que pasó algo.
Y ninguno se lo dice. La tierra no quiere sonar a reproche y el aire no quiere sonar a que necesita aplauso. Así que uno acumula la sensación de cargar solo, y el otro la de que nada de lo suyo cuenta.
La pregunta
¿Qué esfuerzo de aquí no se ha reconocido nunca como tal?
Para el aire, el trabajo es aterrizar una idea en algo concreto: qué cambiaría de verdad si esto fuese cierto. No es traicionar la idea. Es lo que la tierra hace con el aire.
Para la tierra, el trabajo es decir en voz alta lo que ha hecho. Al aire no se le ocurre agradecértelo porque desde fuera no parece un esfuerzo, y no lo parece precisamente porque lo haces bien.
Una acción consciente
un esfuerzo nombrado
El de aire nombra una cosa que el de tierra sostiene y dice qué hace posible. El de tierra nombra una idea del otro que ha cambiado algo de verdad, aunque sea pequeña.
Es pequeño a propósito. Y es los dos viendo por fin el trabajo del otro.
Uno hace el suelo y el otro mira lo que se podría levantar encima. Ninguno de los dos trabajos es el fácil.
¿Qué llevas haciendo todo este tiempo que nadie te ha agradecido?
